Son gratificantes los
mensajes positivos y de aliento cuando decides hacer algo nuevo en tu vida. La
recepción de mis lectores, amigos, compañeros de vida y familia al tema sobre el
primer artículo El cambio es constante en
nuestras vidas, me llena de aliento a seguir escribiendo sobre este tema.
Me encantaría recibir sus comentarios y opiniones sobre este y muchos otros aspectos
relacionado a nuestras vidas profesional y personal. Por eso les invito a que
me escriban por mi correo gaby.planchart01@gmail.com
o pueden hacerme comentarios en este mismo blog.
La necesidad de estar
en equilibrio me motivó a escribir sobre como enfrentas el cambio en lo físico.
La salud era una de mis materias pendientes dentro de ese equilibrio. Mi hijo y
mi madre fueron mis motivaciones lógicas. Los dos decidieron no ser gordos. Mi
hijo tomo esa decisión justo cuando tenía 10 años. Se cansó de las típicas
burlas en su colegio y tomó acción en el tema. Empezó a comer menos y hacer
ejercicio. Su voluntad ha sido mi inspiración, sus consejos mi aliento y su
feedback mi conciencia. Mi madre, en sus cuarenta y pico años (su matemática
moderna aplica que los viejos cincuenta son los nuevos treinta), empezó a
sufrir de hipertiroidismo y diabetes tipo 2.
Su amor a la vida la hizo focalizarse en la salud. Con la ayuda de su
médico internista y la medicina moderna estableció una rutina sana de
alimentación, una actividad moderada y como consecuencia, los resultados fueron
muy concretos. Ahora está muy bien y es asombrosa su energía en sus cincuenta y
pico años (haciendo los cálculos en su matemática moderna es actualmente ochenta
y pico años). Ambos consiguieron su propia inspiración, concientizaron su
necesidad de cambio, accionaron para conseguirlo y alcanzaron su nueva situación
deseada.
Habíamos hablado en el
artículo anterior que para gestionar el cambio era necesario manejar tres
etapas que eran identificar la necesidad del cambio, el cambio en movimiento y
el cambio alcanzado que lleva a un equilibrio nuevo (Lewin/Schein). Mi proceso
de identificar la necesidad de cambio fue largo y bien ilógico. La obesidad ha
sido una herramienta para manejar la ansiedad resultado de un trabajo altamente
retador y vivir en una Venezuela cada vez más insegura y complicada.
El no
manejar la ansiedad adecuadamente ha ido afectando mi salud con el paso del
tiempo. Siempre me jacté de ser una gorda feliz. Mi manejo emocional era
imperfecto porque estaba utilizando siempre excusas. Después de cumplir los
cuarenta años, la obesidad empezó a pasar factura. Empezaron a aparecer los signos típicos de la
obesidad o síndrome metabólico: tensión alta, colesterol alto, disnea, rosácea,
mini verrugas en el cuello, hiper-insulinismo, dolor en las articulaciones, y
por último endometriosis después de vieja (según la matemática moderna de mi
madre tengo veintinueve años). Esta última enfermedad puede ser eliminada por
medio de la histerectomía o en otras palabras extracción del útero y los ovarios.
Este evento fue mi gran shock ya que tuve que interiorizar de verdad la
necesidad de cambiar y fue el accionante para gestionar el cambio. Operarme por
gusto no es de mi agrado, por esta razón no había decidido por opciones
extremas de bajar de peso como es la cirugía bariátrica. Y ahora estaba forzada
a recurrir a una operación para resolver la endometriosis. Una solución muy
invasiva y también de muchos riesgos por mi peso.
Siempre
el mundo de acción maneja distintas soluciones. Una de ellas estaba en mis
manos. Si me decidía a rebajar de peso los desequilibrios hormonales causantes
de la enfermedad podrían ser controlados. Es aquí donde inicié un nuevo camino desde
Septiembre de 2012.